viernes, 15 de enero de 2010

Sueño

Boba. Idiotizada.
¿A quién esperas? El café se te va a enfriar mientras esperas que caiga una estrella, que aparezca una señal que te diga que no, que no estás sola, que eso ya pasó y que ahora eres libre, fuerte, independiente. El tiempo te ha curado ya más heridas de las que tu corazón parecía capaz de soportar. Y ¿ahora qué? ¿Vas a esperar más tiempo? vas a dejar tus sueños, tus aspiraciones... ¿por nada? Tras la ventana está el mundo, adentro sólo tus sueños, afuera espera una vida llena de emociones... dentro solo hay espera, silencio, pausa, desaliento. Si no sales ahí fuera ¿para qué sueñas? ¿por qué piensas y planeas tantas cosas? Al final no haces nada, al final solo queda el silencio, un cuarto, una habitación... o un bar. Te sientas en tu mismo rincón cada tarde, pides una taza de café, tibio, ni muy caliente ni frío y un bollo cualquiera, el que más llame tu atención. Lo sé, porque siempre voy contigo, y tú no te das cuenta. Miras la calle mientras pasa el tiempo y lo miras para ver cómo pasa, para ver si pasa o no. Porque te has quedado dormida. Estás parada, soñolienta, con deseos, con sueños... y no te mueves. A través del cristal, ¿qué ves? luces de ciudad, que se encienden y se apagan, como estrellas... ¿Buscas tu estrella? ¿Buscas tu camino? Sé que solo vienes por el café cuando se hace de noche, al atardecer, para resguardarte del frío... sí. Y te sientes protegida. La luz del local te adormece y las luces de fuera despiertan tus sentidos... pero emocionalmente estás dormida.
Alza la vista... antes de que se vaya el sol.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Frío

Amante de la noche, desliza sus zapatos por la vieja calle del paseo principal de la ciudad, mirando a uno y otro lado, descubriendo olores y sensaciones que creía ya olvidados. Una pastelería a su derecha y una chocolatería a su izquierda.
Se detiene poco a poco y se sienta en un banco del paseo y, aunque hace frío, no importa. Observa cómo la chocolatera prepara su mejor pieza con una sonrisa en la cara que transmite serenidad y armonía; enseguida entra un cliente y le atiende con toda la amabilidad de la que es capaz, le enseña pasteles y bombones, todos preparados por ella. La luz en el local es baja, acorde casi con la noche pero retando a la luna para ver quién de las dos dá más luz, sin conseguirlo ninguna.
Más a la derecha, apoyado en la repisa de una fuente de plazuela, un músico caldea el ambiente con su acordeón, abrigando un poco los corazones solitarios que pasean alrededor. Nadie se para a mirarlo pero todos sienten, aunque no sean conscientes, el cálido abrazo de la música. Y siguen caminando en el frío con una chispa encendida en el corazón, a la que deciden no hacer caso.

Curioso de la noche, el hombre se levanta y sigue avanzando, con las manos en los bolsillos, cabeza baja, gorro en la cabeza y cuellos de la gabardina levantados por el frío. Es noviembre. Y aún quedan sensaciones que vivir.

domingo, 25 de octubre de 2009

Noche de domingo

Háblame otra vez, vuélveme a contar qué va a ser de nosotros, qué nos espera, y en dónde.

Vuelve a sellar mis labios con una caricia, con un beso y deja que imagine el resto, deja que eche a volar de nuevo.

Agito el vaso con hielos que he vaciado de tanto esperar y esperar, mis manos se tornan frías, mis labios enmudecen, mis ojos cansados están de ver si no es a ti a quien observan, las luces se van apagando… una tras otra…

Camarero, sírvame una última copa, ¿no ve que lloro? Dejé aquí la botella

miércoles, 21 de octubre de 2009

Un miércoles cualquiera

Y, por un instante, parecemos salidos de un cuento, de esos que ya nadie tiene tiempo de escuchar.

sábado, 17 de octubre de 2009

Noche


La noche sueña delirios, que el corazón de humo no aguanta

La noche deja su manto blanco para perderse cual mujer alada


Abrázame esta noche y no dejes perderse esas estrellas

Abrázame esta noche y olvida todo lo que anhelas


Mi Romeo, sueñas en antiguos versos y en versos me transmites tu ternura


miércoles, 12 de agosto de 2009

Una lágrima más

La gente se iba yendo lentamente de la cafetería hasta que tan solo quedaron dos personas. Aún quedaban cinco minutos para que se cerrara el recinto, pero nadie parecía querer ver cómo se iban apagando las luces.

-Sabes que no deberías haber venido, tenías que haberte quedado en tu casa –explicaba Peter mientras removía el café que había pedido hacía quince minutos- aquí ya no pintas nada Emily. Las cosas vienen y van como las gaviotas; lo nuestro vino y ahora tiene que marcharse, ya está.
-No, no está, claro que no está. Yo te quiero y no puedo permitirme perderte a la mínima. Tengo que intentarlo hasta que me quede sin fuerzas. No puedo entender tu tranquilidad, tu parsimonia… ¿Acaso te has olvidado todo lo que hemos vivido juntos?
-Sabes tan bien como yo que no he olvidado esos momentos. Echo la vista atrás y tengo todo recuerdos felices contigo.
-Entonces, ¿qué falla Peter? ¿Qué he hecho mal?
-No has hecho nada mal, al contrario, pero Emily… ¿no lo ves? No tiene futuro, nuestra relación está atascada, no vamos ni hacia delante ni hacia atrás, ¿de verdad que no lo ves?
-Peter… yo solo sé que te quiero y que no puedo hacerme a la idea de una vida sin ti. No, intentémoslo otra vez, por favor. Te quiero.

Emily estaba temblando de arriba abajo, sabía que se estaba humillando delante de Peter, pidiéndole, suplicándole que siguiera con ella. Estaba avergonzada de la situación y por eso no podía mirarle a los ojos, pero era su último recurso, la última vez que lo intentaría, y estaba dispuesta a hacer cualquier cosa.
Peter, por su parte, estaba bastante tranquilo, sabía que controlaba la situación, y eso le daba fuerzas para rechazar a Emily. En el fondo sabía que esta vez era la definitiva, pero no pensaba ceder, no otra vez.

-Emily, mira, lo hemos intentado varias veces y nunca ha funcionado, no sé por qué esta vez debería de ser diferente.
-Porque he cambiado, he tenido tiempo para reflexionar y madurar, y sé lo que quiero. Por eso, porque me he dado cuenta de lo mucho que significas para mí, por eso mismo, necesito estar contigo.
-No quiero jugar siempre a eso, ya no somos unos adolescentes encaprichados, hemos crecido los dos, juntos si quieres, pero esto no va a ningún lado. Es mi última palabra. Por favor, márchate a casa.

Su mundo se oscureció de repente, no había luz, ni un atisbo de iluminación. La chica no tenía opción, se había arrastrado a él como una lagartija, pero sin resultado. Tendría que olvidarle, tendría que aprender a vivir sin él. No iba a ser fácil. No sabía si lo conseguiría, si volvería a sonreír. Pero era lo que le tocaba vivir. Así que se levantó, pagó en la barra el refresco que había tomado y se marchó, casi sin ver el suelo de tantas lágrimas que no podía controlar. Cogería el primer vuelo y volvería a casa. Se sentía una estúpida por haber tenido esperanzas hasta ese momento, se sentía estúpida por no haber aguantado hasta que él regresara y haber tenido que ser ella quien iría a buscarle a él. Se sentía tan culpable por todo lo que le estaba pasando que sentía el corazón oprimido con fuerza, con un nudo en la garganta que apenas podía deshacer al escocerle los ojos de tanto llorar. Ella le quería con toda su alma, pero sabía que tendría que empezar a tejer una nueva vida sin él. No tenía idea alguna de por dónde empezar, teniendo en cuenta que no podía ver el suelo que pisaba, de modo que siguió andando, buscando algún pedacito de felicidad.

domingo, 12 de julio de 2009

Tradiciones

Día 12 de julio, en pleno San Fermín.

Y otra vez vuelta a la tradición: los toros.
Quiero que conste que no tengo nada en contra del encierro como tal; quien quiera correr delante de toros, quien quiera sentir la adrenalina por sus venas debido a la emoción, al peligro, adelante, que corra. No tengo nada en contra del encierro, incluso me parece bonito, y ¿por qué no? Emocionante, sobre todo cuando la gente hace todo lo posible para distraer al toro que se ha empeñado en cornear a un chico. Todo esto me parece muy bien, es una tradición que llama a mucha gente.


No hay nada de malo en esto pero, ¿qué hay de aquellos zopencos que no respetan, por no respetar, ni su propia vida? Ajá, me refiero, en un primer lugar (y en el escalón de más abajo) a esos insensibles, creídos y anormales estúpidos que bajan a torear a las vaquillas a eso de las 8:15 después del encierro en la, por todos conocida, plaza de toros. De nuevo no tengo nada en contra de aquellos que se dedican a torearlas y punto, el problema empieza cuando el listillo de turno comienza a darle golpes a la pobre vaquilla, a tirarle del rabo (te tiraba yo a ti del rabo pedazo de idiota a ver si te duele) y a cogerle de los cuernos. Claaaaro, como no hay mucho peligro ya que son vaquillas y no toros y, pues ya está, a hacerte el valiente delante de tus amigos o de tu novia que te está viendo desde la grada. Deja de ser, por una santa vez, un inútil y deja a la desorientada vaquilla en paz, que ella no tiene la culpa de respirar el mismo aire que tu, porque ¿sabes una cosa? Respiran, sí, está viva, al igual que tú. Ella no ha podido elegir su destino y ha acabado allí, en la plaza de toros de Pamplona, rodeada de blanco y rojo. Fíjate en el resto de personas que están contigo, la torean un poco, para aquí y para allá y ya está, pero no la pegan. Aprende un poco anda, que falta de hace.

Por no hablar… de… las corridas de toros. Para esto no tengo palabras, no hay ninguna expresión que valga para describir el horror de este espectáculo. Nunca he ido a ver una corrida de toros y nunca voy a ir, no pienso fomentar esta aberración de la naturaleza humana, el fomento de nuestra parte más cruel y salvaje. ¿Qué necesidad hay de ir matando al toro pooooco a poooocoooo clavándole banderillas y ENCIMA que la gente se burle del toro, que aclame al torero? Podría pillarles el toro a todos los toreros del mundo, que, mientras otros lloren, yo reiré.
Porque quien ríe el último, ríe mejor.